miércoles, 13 de mayo de 2009

Doctrina Nacional Socialista II

MORAL

Guarda tu espíritu fuera de las corrientes de moda y por encima de las críticas de los necios de turno. Tan sólo así podrás conservar tu juicio claro para la lucha.

Mantén siempre tu cerebro activo. No estés ocioso. Ayuda a la salud de tu cuerpo manteniendo una mente clara. Elige bien tus lecturas o pide consejo a personas de tu confianza. Escribe, medita, estudia.

Ten fe. La fe es un patrimonio que no te pueden arrebatar. Es tu única arma invencible. Frente al poder del dinero, a la depravación materialista, levanta la antorcha de tu fe en la victoria final.

La fe no se razona. No se llega a ella por la ciencia. La fe la llevas en la sangre. Sólo has de cultivarla, dejarla que brote.

Mantente al margen de la propaganda burguesa y democrática. Las revistas, el cine, la televisión, están impregnadas de escepticismo y materialismo. Lee y difunde la prensa nacional-revolucionaria.

Desprecia al traidor. El traidor carece de honor y por tanto es indigno de ser tratado como persona.

Sé valiente. Un carácter débil es fácilmente vulnerable.

No confundas valentía con inconsciencia o temeridad. Aquélla es fruto de la madurez como hombre. Éstas son reflejo de una mente infantil.

Desprecia al cobarde. La cobardía es una debilidad. También el valiente tiene miedo, pero posee la suficiente fuerza espiritual como para vencerlo. El cobarde es egoísta, pues asegura su propia integridad a costa de los camaradas.

Respeta al enemigo siempre que sea digno de ello. Desprecia al enemigo innoble.

No te dejes lisonjear por concesiones paternalistas de la decadente democracia. ¿Para qué quieres una parcela de poder, si heredarás el mundo?

Mantén siempre una norma de conducta y no te separes de ella. Renunciar a algo por la dificultad que entraña es traicionarte a ti mismo. No te dejes influenciar por lo fácil. Sigue siempre lo que tu conciencia te dicte. No hay dificultades insuperables.

No confundas el amor con la mera atracción física. El placer físico es efímero y si se busca como único fin, degradante. El amor es altruismo, negación del propio ser para formar otro en el que se confunden los espíritus de los amantes. Sólo así el amor es eterno.

Respeta al sexo contrario. Hombre y mujer tienen valores espirituales peculiares que los hacen dignos de la misma admiración.

Mantente siempre preparado para la lucha. Recuerda que ésta se presenta en cada instante y de muchas formas. La lucha física, una guerra, es la más fácil; sabes dónde está el enemigo y los objetivos son claros. Pero las modas, las corrientes ideológicas de origen oscuro, la vida fácil... son enemigos que pueden destruir tu espíritu. Estate siempre alerta.

Respeta tu cuerpo. Ten presente que el enemigo puede atacar desde dentro de él. Una figura recia no es garantía suficiente, pues puede ocultar debilidades nefastas. Cuida tu cuerpo y tu espíritu.

El vicio degenera el cuerpo y el espíritu. Evita que ningún vicio te domine. Piensa que cuanto más arraigado se encuentre tanto más difícil te será zafarte de él. El vicio envilece la categoría humana.

Lucha siempre por la verdad y desprecia al mentiroso. La mentira es el refugio del cobarde.

Procura que la herencia que en su día dejes a tus hijos y a tus camaradas, sea rica en ejemplos de nobleza, heroísmo, educación y en todo aquello que haga de tu memoria una pauta de comportamiento.

ESTILO

Respeta tu uniforme y tus insignias. Por encima de la tela y del metal de que están hechos, está la idea que representan. Ser herido o muerto por defender un símbolo es la sublimación del idealismo. Si te llega la ocasión no lo dudes.

Tu uniforme no te convierte en un número, no es un elemento impersonal. Por el contrario, te priva de la forma para que sea tu fondo el que te defina. Un espíritu noble no depende de un atuendo.

Sé discreto. Procura no molestar a tus vecinos. Que no se note tu presencia por lo incómoda que resulta, sino por lo grato.

No busques lo extravagante para hacerte notar. Procura tener una personalidad lo suficientemente recia como para no tener que recurrir a ello.

Sé aseado y pulcro. El aspecto exterior es fiel reflejo del nivel espiritual de la persona.

Cuida tus expresiones. No seas soez ni desvergonzado. No confundas la agudeza con las impertinencias.

Tanto en el campo como en la ciudad, siempre, cuida de no ensuciar ni estropear nada. Todo lo que te rodea es patrimonio de tu nación. De nada tienes derecho exclusivo. Respeta lo que te rodea.

Obra en consecuencia con tus ideas. El enemigo está acechante para convertir tus errores en armas contra tu ideología.

RAZA

Cuida de mantener tu raza pura. Es la única garantía para mantener una sociedad equilibrada espiritualmente.

No desprecies a las demás razas. El mejor aprecio que les puedes hacer es mantenerte separado.

Con ser tan dispares físicamente, la apariencia es lo que más asemeja a las distintas razas. No caigas en la falacia de definir a la raza por el color de la piel o la textura del cabello. Las verdaderas diferencias radican en el espíritu.

El mestizo es la nefasta consecuencia de forzar a la Naturaleza a una mezcla entre seres incompatibles. La historia nos muestra que el mestizaje lleva irremisiblemente a la decadencia.

Practica el deporte. No temas el esfuerzo físico. Todo ello te llevará a conseguir un cuerpo sano.

Cuida tu cuerpo. Ten presente que es el escudo de tu espíritu. Un escudo débil se romperá en medio del combate y te dejará sin protección. Un escudo fuerte puede ser tu mejor arma en momentos difíciles.

Desprecia las formas degeneradas de sexualidad. Son una perversión fruto del hedonismo materialista. El destino de los que las practican, ha de ser el de la extinción sin procreación.

Protege tu descendencia. Más vale que renuncies a ella antes que poseer seres tarados.

NACIÓN

Ama a tu nación. Es una comunidad de hombres unidos por lazos culturales y raciales que lucha por unos objetivos comunes a los tuyos.

No te dejes influir por fronteras ratifícales. La nación la delimitan la Cultura, la Tradición y la Raza, no unas líneas pintadas sobre un mapa o unos meros accidentes geográficos.

Encuentra en tu bandera el símbolo de la comunidad a la que perteneces, un símbolo nacido de ésta que reúne todas las virtudes de los hombres que se subordinan a ella.

RELIGIÓN

Cree en un Dios espiritual como el creador de la vida. La necia teoría materialista desemboca en el absurdo de considerar al hombre como un animal, sin esperanza de vida futura.

Dios no caduca. El espíritu de la Raza no caduca. Enfrenta tus valores eternos a la moda pasajera del escepticismo y del materialismo.

Respeta las religiones basadas en un principio espiritual y desprecia aquéllas en la que el dios es un fin materialista en el que se representa la fuerza, el poder o cualquier debilidad humana llevada a su extremo.

FAMILIA

Respeta la familia, pues es en esa institución donde has aprendido tus primeras lecciones como hombre.

Respeta la autoridad de tus padres. Escucha sus consejos manteniendo a la vez tus convicciones.

Educa tu espíritu en el altruismo, preparándolo para el día en que formes tu propia familia. Mantén siempre encendida la llama de la vida, no la oscurezcas con nada. Piensa que una vez apagada ya nunca más volverá a brillar.

Aporta a tu matrimonio un espíritu completo, puro. No cabe amor espiritual en un espíritu innoble o débil porque este es incapaz de ser altruista.

Tan sólo de una unión total pueden nacer unos seres completos, equilibrados. La promiscuidad degenera a los individuos y a sus descendientes.

Sólo en un ambiente de total identificación espiritual puedes vivir felizmente tu matrimonio. Si el amor guía tus actos, jamás cometerás errores que puedan perturbar la felicidad de tu hogar. De otra forma, tu destino será siempre precario, así como el de los que te rodean.

Educa a tus hijos conforme a lo natural. Ayúdales a conocer la Naturaleza. En ella aprenderán la existencia de un Creador, de una vida espiritual, el verdadero sentido de la belleza.

Guíales en el desarrollo de su personalidad, dejando que de ellos parta la primera iniciativa.

Se siempre pauta de comportamiento para con tus hijos. Mantén siempre tu espíritu joven, no dejes que envejezca y se oscurezca. Tan sólo con el ejemplo de una vida sana y activa podrás guiar a tus propios hijos.

Recuerda que tus hijos heredarán de ti tanto lo bueno como lo malo. No les dejes una herencia negativa. No les obligues a luchar en inferioridad de condiciones.

TRADICIÓN

Ama la tradición. Es la expresión del sentir del Pueblo, el patrimonio espiritual de tu Raza.

Aprende a discernir lo que es verdadera tradición de lo que son hábitos adquiridos en determinadas épocas y circunstancias, impuestos por otros pueblos ajenos a tu raza, o fruto de momentos de decadencia. No confundas la tradición con la costumbre.

Estudia y conoce la Historia de tu Nación. Respeta a sus muertos y aprende de sus gestas. Toma ejemplo de los actos heroicos y enseñanza de los errores.

NATURALEZA

Ama la naturaleza. No veas en ella tan sólo una fuente de recursos o instrumento para distraer tu ocio. Recuerda que todas las criaturas son obra del Creador, y tu eres una de ellas.

Que no sea tan sólo la compasión la que te lleva a tratar bien a los animales. Por su condición, es tu obligación darles amor y respeto.

Aprende a apreciar lo bello. La contemplación de la Naturaleza te ayudará a ello. Sólo cuando en los más insignificantes detalles de la Naturaleza encuentres belleza, sólo cuando comprendas la infinita perfección del más pequeño insecto, podrás ser capaz de guiar tus gustos por ti mismo.

Fórmate en lo natural. Sigue las enseñanzas que la Naturaleza dicta y aplícalas a tu condición de Hombre. No te dejes influir por las corrientes que se opongan a esas ideas, por fuertes que esas corrientes sean. La Naturaleza siempre tiene razón, pues sigue inexorable los designios del Creador.

Lleva una vida sana. Estate siempre en contacto con la Naturaleza. Sal a la montaña, al mar. Aprovecha los beneficios que te brinda la Naturaleza.

La caza, la pesca, o cualquier otra actividad análoga, cuando no está justificada en la propia subsistencia, son un absurdo, un indigno atentado contra la perfección de la vida.

TRABAJO

Ama el trabajo y empéñate en él. No seas un lastre para tu Nación. No dependas de lo que hacen los demás. Cumple con tu obligación y procura dar ejemplos a quienes no lo hagan.

El trabajo creador es fruto del espíritu, porque es la expresión artística del trabajador. Cualquier trabajo realizado con esmero y dedicación es una obra de arte.

Trabajar es cultivar el espíritu. Un pueblo trabajador no sólo fortalece su economía, sino que afianza su esencia.

No existen trabajos dignos e indignos, sino trabajadores buenos y malos. Las clases basadas en el rendimiento económico de los oficios, son una artimaña política. Las únicas clases que pueden existir son las de los que trabajan y la de los que no trabajan.

La vocación es la garantía de un trabajo bien realizado. Sigue siempre tu vocación, prescindiendo de los beneficios económicos que te pueda reportar.

Las únicas riquezas están en la Naturaleza y el trabajo, fuerza transformadora y creadora. El interés del dinero y la especulación en la bolsa, son formas ficticias de crear riqueza, propias de individuos incapaces de realizar un trabajo creador.

ARTE

Conoce la expresión artística de tu Raza. Aprende a sentir tu Arte. Las obras de arte son la sublimación del espíritu de una Raza a través de sus genios.

No olvides nunca la diferencia que existe entre lo verdaderamente artístico y lo meramente estético. El Arte inunda el espíritu, penetra hacia lo más profundo de nuestro ser. Lo meramente estético se queda en los sentidos, agradando a estos pero sin contribuir al desarrollo del espíritu.

DISCIPLINA

Acepta la disciplina y la autoridad. La anarquía debilita el espíritu pues le priva del esfuerzo y de la lucha.

Respeta la autoridad de tus jefes y ten confianza en sus decisiones, aunque no las entiendas. Eso que tus enemigos llaman despectivamente fanatismo, es una virtud que sólo poseen las almas nobles.

Aceptar una orden que no se entiende no es negar la propia personalidad sino aceptar una capacidad de decisión superior en quien da la orden.

Respeta el Estado justo. El Estado es la representación del Pueblo, por lo que exige tu sometimiento y tu confianza. Un estado que no cumpla aquella condición no merece ser denominado como tal y a él nada te sujeta.

CAMARADERÍA

Respeta a tus camaradas. Sé para ellos su mejor amigo. No dejes que elementos extraños os separen.

Confía en la palabra de tu camarada. La nobleza le obliga a decir la verdad. Haz que él pueda confiar en ti.

Ayuda a tus camaradas. Siempre son ellos primero. El egoísmo acarrea la desunión y la ruindad.

Huye de la murmuración, esta es el recurso del cobarde. Sólo un enfrentamiento noble puede resolver cualquier duda.

GUERRA Y PAZ

Desea siempre la paz como el mejor de los bienes y, no dudes por ello en utilizar la fuerza, si fuera preciso, para conseguirla.

Busca siempre una paz justa. Un estado de injusticia es un estado de lucha.

La guerra es terrible, pero necesaria cuando con ella se consiguen fines justos que por otra vía no sería posible alcanzarlos. Es el último recurso de un Pueblo cuando no es libre. Si llega el caso, no la rehuyas. Lucha pensando en los tuyos.

Sé noble en la lucha. Es esta una virtud que define a tu Raza y que debe prevalecer en todo momento. Si así actúas, incluso la derrota será una victoria para ti.

Rudolph Hess (II): Biografía



Rudolf Hess, nació en Alejandría, Egipto el 26 de Abril de 1894, hijo de Fritz Hess, un hombre extremadamente disciplinado y estricto, al estilo más antiguo de los alemanes de fines del siglo XIX.

La pequeña comunidad alemana, de una Alejandría bajo el dominio inglés, no podía darle al joven Rudolf la educación que su padre pretendía, ni siquiera la escuela alemana protestante local y por esa razón y hasta la edad de 14 años, fue educado con tutores privados. La familia Hess salió de Egipto en 1908 cuando Rudolf estaba listo para atender la escuela secundaria en Alemania. El 15 de Setiembre de 1908 ingresó en el Jugendinternat (Internado Juvenil) en Bad Godesberg.

Rudolf Hess, fue muy serio y solitario, características que permanecerían en él durante toda su vida. Su padre esperaba que estudiara para convertirse en un hombre de negocios que pudiera continuar las actividades mercantiles de la familia. En consecuencia, continuó sus estudios de negocios en Suiza. Sin embargo, Rudolf no tenía las aptitudes que tenía su progenitor para manejar los negocios de la familia. En 1914, con el ultimátum que Austria le dio a Serbia, llegó su oportunidad de independizarse.

Lleno de patriotismo, Rudolf se presentó como voluntario en el 7mo Batallón de Artillería, siendo luego transferido a la Infantería. Tuvo su primera experiencia en combate el 4 de Setiembre de 1914, con una destacada actuación en el campo de batalla que lo hizo merecedor de la Cruz de Hierro de Segunda Clase.

La experiencia en la guerra le sirvió para moldear su pensamiento político y moral. Vivió el horror de las trincheras y fue herido en varias oportunidades. En esas circunstancias, pidió su transferencia al Cuerpo Aéreo Imperial, pero fue rechazado en primera instancia. Luego de otro intento fue finalmente aceptado, pero para entonces la guerra estaba llegando a su fin. El 13 de Diciembre de 1918, recibió su baja del ejército.

Fue en el arma aérea donde Hess alternó con gente de clase media que tenía influencias nacionalsocialistas. Por ello, sin esperar mucho, el 01 de Julio de 1920 ingresó en el NSDAP (Partido Nacionalsocialista), como el miembro No. 16.

Alemania había sido derrotada en el campo político y no en el militar. Ese hecho fue fundamental para Hess y muchos otros miles que abrazaron el Nacionalsocialismo, entendiendo que era la corriente salvadora de la patria. Como miembro paramilitar fue en Munich donde cruzó su camino con el de otros dos hombres que marcarían su destino: Karl Haushofer y Adolf Hitler.

Hess abordando el avión con el que volaría a Escocia

Haushofer fue uno de los comandantes de Hess durante la guerra y también fue profesor de geografía política y uno de los propulsores de la teoría del "Espacio Vital", que influyó no sólo en Hess sino en el el NSDAP en conjunto. Haushofer tuvo estrechas relaciones con la élite británica que más tarde le serviría a Hess para intentar tender los puentes para llevar su iniciativa de paz.

Entre los grupos nacionalistas de Munich, estaba el Partido de los Trabajadores Alemanes, bajo el liderazgo de Anton Drexler. En uno de sus primeros encuentros con el partido, Hess asistió y tuvo la oportunidad de escuchar el encendido discurso de un condecorado veterano de las trincheras: Adolf Hitler. Hess no pudo resistir el encendido y emocional verbo de Hitler. Se plegó a la causa de Hitler y sus seguidores.

El 09 de Noviembre de 1923, participó en el Hitlerputsch y fue sentenciado a 2 años y medio de cárcel en la fortaleza de Landsberg, mientras el NSDAP colapsaba en el exterior. Hess, en esos momentos Secretario Privado de Hitler, colaboró con en el manuscrito del libro Mein Kampf (Mi Lucha) y después fue liberado el 31 de Diciembre de 1924.

El 20 de Diciembre de 1927, Rudolf Hess se casó con Lise Pröhl y posteriormente, el 21 de Abril de 1933, con quien el 18 de Noviembre de 1937, tuvo su único hijo Wolf Rüdiger. Fue nombrado Lugarteniente del Führer por el propio Hitler en el NSDAP, convirtiéndose en el hombre más poderoso de Alemania pues debía aprobar todas las decisiones ministeriales, excepto las de los ministerios de guerra y del exterior.

El 01 de Diciembre de 1933, fue designado Ministro de Estado sin portafolio, por el Presidente Hindenburg, cargo que ejercería simultáneamente con el de Lugarteniente del Führer en el NSDAP. Fue sin duda el hombre más poderoso del Reich y hasta fue mencionado como sucesor de Hitler conjuntamente con Goering.

Hess en el Me 110 con sus mecánicos

Luego de los primeros bombardeos de Alemania, el 10 de Mayo de 1941 hace su controversial vuelo a Escocia. Su llegada produce un enfrentamiento entre facciones políticas en Inglaterra. Más puede Churchill, quien amenaza con acusar de traición a la patria, a quien trate de pactar cualquier acuerdo con Hess. La suerte está echada para Rudolf Hess que es encarcelado por el resto del conflicto, hasta el final de la guerra. Stalin, durante todo ese tiempo, tuvo el temor de que en algún momento los británicos pudieran llegar a un acuerdo con los alemanes y volverse contra la URSS. Ello no ocurrió.

Las razones por las cuales Hess viajó a Escocia se pueden resumir en que él estaba convencido que una guerra en dos frentes sería fatal para Alemania. Tenía relaciones en Inglaterra debido a su estrecha amistad con Haushofer. Su pasión por el NSDAP, lo forzaban a buscar la mejor salida, que era hacer la paz con Inglaterra para atacar a Rusia y obtener el "Espacio Vital" que, según Haushofer, era imprescindible para Alemania. Su carácter y educación lo alejaban de las trampas burocráticas del Partido Nacionalsocialista. No era hombre de ganar puntos ni hacer favores basándose en la intriga política, pero no tenía poder a nivel del estado, tal como lo tenía, por ejemplo, Goering. En ese momento, las voces más significativas estaban en un nivel distinto al del partido.

¿Es la pérdida relativa de poder, lo que obliga a Hess a hacer su famoso vuelo a Escocia? Es posible, pero es más factible que su decisión haya sido más por motivo de su inquebrantable fe en el Fuhrer y en Alemania, que le hacía ver el panorama con más claridad desde un peldaño más abajo en la escalera del poder. Hess creía en Hitler y en su Mein Kampf, donde el Fuehrer mostró su convicción de que quería la paz para Europa y no un enfrentamiento con Inglaterra. Pero, es difícil creer, que su decisión no tuvo la aprobación de Hitler, debido precisamente a su fidelidad.

Luego de finalizar la guerra, en Nuremberg, el 01 de Octubre de 1946, fue sentenciado a prisión perpetua, debido a que todas las decisiones ministeriales de todos los ministerios, excepto guerra y exteriores, llevaban su firma. Eso quizás le salvó la vida, pero no lo libró de la segunda pena máxima después de la de muerte.

El 18 de Julio de 1947 es transportado a la Prisión Militar Aliada en Berlín-Spandau, donde de por vida, debían turnarse los custodios aliados, para vigilarlo. El 01 de Octubre de 1966 fueron liberados Speer y v. Schirach y de esa forma Rudolf Hess se convierte en el hombre más solitario del mundo, y el único Alemán preso de por vida, fuera de la Cortina de Hierro.

Hess
Hess en su celda de Spandau a los 85 años de edad.
No podía caminar ni usar las manos por la artritis.

Inútiles fueron los esfuerzos de miles de personas por liberar a Hess, incluso apelando al principio de que todo condenado a prisión perpetua ha sido liberado, 20 o 25 años después. Ni su edad fue causa suficiente, pues durante 40 años siempre los soviéticos se opusieron a la clemencia, aún cuando contaba con más de 90 años de edad.

Rudolf Hess declaró durante el proceso de Nuremberg:

"Se me permitió trabajar durante muchos años de mi vida a las órdenes del mayor hijo que mi patria ha alumbrado a lo largo de mil años de historia. Aunque pudiera, no quiero borrar esta etapa de mi pasada existencia. Estoy feliz de saber que he cumplido con mi deber hacia mi pueblo, mi deber como alemán, como nacional socialista y como fiel discípulo del Führer.
No me arrepiento de nada. Si volviera a estar al principio, actuaria como lo hice. Incluso si supiera que al final del camino encontraría una hoguera encendida para mi muerte en las llamas. Poco importa lo que hagan los humanos; algún día compareceré ante el Juez Eterno; ante Él me responsabilizaré y sé que me declarará inocente."

Los soviéticos nunca le perdonaron que intentara la paz con Inglaterra para poder derrotar a la URSS en un solo frente. El 17 de Agosto de 1987, muere en el Hospital Militar Inglés en Berlín, por causas misteriosas, aunque oficialmente por suicidio.

Pero su espíritu prebalece.

NOSOTROS NUNCA TE OLVIDADEROS SIEMPRE TE RECORDAREMOS, CON EL BRAZO EN ALTO TE SALUDAREMOS: RUDOLF HESS SIEG HEIL!!!





Rudolph Hess (I): héroe y martir

“Adolfo Hitler, nuestro Führer, fue luchador del frente. También yo lo fui. Y casi todos los demás colaboradores del Führer lucharon igualmente en el frente, en la guerra más espantosa de todos los tiempos. Nos consta muy en lo íntimo lo que es una guerra, y por esto amamos la paz” Rudolf Hess.

Rudof Hess, nacido el 26 de abril de 1894 en Alejandría (Egipto), de sangre alemana, patriota, y combatiente de la Gran Guerra, si alguien se acerca a este personaje histórico se dará pronto cuenta de que fue una gran persona, noble y leal donde las hayan, correcta, y multitud de elogios mas, solo basta ver su rostro, pararte 3 segundos y pensar, pero ese es el problema, nadie se le acerca y todos le juzgan desde fuera, como un nazi mas, un asesino mas, desde el poder y atrevimiento que da la ignorancia, desde un odio inculcado hacia un periodo concreto de la historia de la humanidad (el llamado periodo del nazismo alemán y holocausto nazi para nosotros la etapa nacional socialista, incomprendida….). Hess no murió el 17 de agosto de 1987, ¡¡lo asesinaron!!.

Vamos a tratar de hacer un repaso sobre todo lo que no se suele decir de R. Hess, sobre lo que a esa gente que lo juzga sin saber, nadie a tenido la dignidad de enseñarle, vamos a conocer a Rudolf Walter Richard Hess, el prisionero de la paz...
...a nadie le parece correcta esta expresión, prisionero de la paz, carente de sentido, pero no!!, si que lo tiene y mucho y es valida tanto por igual como la de prisionero de guerra, frente a prisionero de guerra ¿por que no, prisionero de paz?. Y es que Hess fue encarcelado por ello, por querer la paz, y es eso lo que su vuelo a Inglaterra perseguía, la paz entre hermanos, y no lo hizo con la guerra casi perdida sino cuando Alemania contaba con su momento de máximo esplendor, pero, retomemos los acontecimientos; en 1940 Alemania habia salido victoriosa de su enfrentamiento con Francia, había ocupado Bélgica, Luxemburgo, Holanda, Dinamarca y Noruega, y no por mero gusto sino por obligación, mediante las armas, y es que la hermana Francia junto con la hermana Inglaterra, habían declarado la guerra a Alemania. Inglaterra estaba cercada pero Adolf Hitler respetaba en demasía a los ingleses y deseaba la paz (¿como nos explicamos el llamado “Milagro de Dunkerke”?). Hess principal precursor de esa paz se reúne con Hitler y le expone su idea de volar a Inglaterra como emisario para convencer a los ingleses de lo absurdo de ese conflicto y concertar una paz, Hitler coincide en su plan pero no cree que los ingleses pongan de su parte. El 10 de mayo de 1941 se despide de su esposa e hijo y se encamina a su misión, logra llegar a las costas escocesas pero su avión se estrella logrando saltar en paracaídas, pero es apresado por el servicio secreto británico que estaba al tanto, le encarcelaron y el tratado recibido fue como un “prisionero de guerra”.
De esta manera fue vulnerado el Derecho Internacional que exige que un militar o dignatario enemigo que se acerca voluntariamente a territorio enemigo debe ser permitido volver libremente, pero no fue asi, a un emisario se le escucha, se le atiende o se le ignora, pero siempre es devuelto sano y salvo…Hess fue encarcelado sin ni siquiera ser escuchado, y aquí comenzaría su periplo que acabaría en la cárcel de Spandau 46 años después, media vida, privado de libertad y siempre fiel y leal a sus ideas y a la figura del Führer.

Mucho a sido lo que se a escrito y especulado sobre esto, pero nosotros perseguimos la verdad, y nos preguntamos…¿por que los archivos británicos que normalmente descalifican el material secreto cada 50 años, prorrogan a los investigadores acceder a este una y otra vez?, ¿qué secreto esconden?, no tiene sentido mantener escondido secretos de una guerra que acabo hace 60 años, si no es por cuestiones políticas…,¿acaso los ingleses pactaron con Hess su vuelo para firmar la paz y luego se echaron atrás?, solo sabemos una cosa y quizás sea lo que los vencedores no quieren asumir, y es que si esa paz de 1941, emprendida por Hess, se hubiese logrado… se hubiesen evitado millones de muertos y sufrimientos innecesarios.

Continuando con nuestro repaso, todos estos hechos no le valieron a Hess en nada salvo en su progreso ético y moral de si mismo y en un detalle muy sorprendente y a la vez nuevamente atroz por parte de unos e incomprensible por parte de otros, y es que el encarcelamiento de Hess le permitió no poder ser acusado de crímenes de guerra, ni de persecución contra los judíos, ni de conocer la existencia de los campos de exterminio, ni de cualquier otro delito por el que fueron acusados otros miembros del gobierno de Hitler tras la II Guerra Mundial. Fueran tales delitos verdad o mentira…¿?¿?...Rudolf Hess, el mártir de la paz, no pudo cometerlos, bajo ningún concepto, pues en esos momentos se encontraba encarcelado en Inglaterra, entonces ¿de que fue acusado, por que fue privado de su libertad durante media vida?, es difícil de responder yo no se hacerlo pero si puedo destacar un punto; a Hess le hubiese bastado con inculpar a sus compañeros alegando que el no se encontraba en Alemania y asi pasar el resto de su vida con su familia, pero no lo hizo, ni paso por su cabeza, y ante esto solo me cabe una respuesta a nuestra pregunta: por su fidelidad.

Hess tuvo que ver como su patria fue destruida y repartida, con las lecturas limitadas, con la correspondencia censurada, con un limite de cartas, en circunstancias inhumanas, en soledad absoluta…casi 50 años encarcelado, muriendo a la edad de 93 años, pero no de muerte natural sino suicidándose, y aquí es donde empiezan otra vez a surgir los interrogantes, ¿por que?, ¿por que suicidarse si iba a ser libre para vivir su últimos días de vida junto a su familia?, ¿Cómo podría un anciano medio ciego, invalido constantemente vigilado perpetrar su propio suicidio?, ¿Por qué no se les concedió a los familiares una autopsia mas especializada del cuerpo?, caso extraño donde los haya, pero esto fíjense, es lo de menos, la verdadera injusticia fue encarcelarlo y privarlo de libertad junto a los suyos, tras una guerra acabada, a los 47 años de edad, durante 46 años, en las circunstancias mencionadas, y nosotros luchamos por esa JUSTICIA, por la VERDAD.

“Ich Bereue Nichts”

Ser madre, por Magda Goebels

"¡Madre! En esta palabra se resume todo, lo que para el ser humano significa infancia, juventud y patria, y en esta palabra se encierran todas las penas y bienaventuranzas que la vida terrena nos depara. Dolor profundo y supremo gozo, es algo que sólo puede vivirlo una madre. Paciente ya por naturaleza, su camino de penas y su tarea misma comienza en el momento en que concibe a su hijo. Corporal y anímicamente sacrifica todo al ser futuro, y esta entrega y sacrificio se eleva al máximo cuando regala la vida al niño.
Ahora, temerosas y silenciosas esperas dejan paso a preocupaciones reales y serias obligaciones. Los diarios esfuerzos por el desarrollo del niño, la continua inquietud por su salud, el trabajo sin descanso y las noches en vela, tienen como recompensa mas preciada su primera sonrisa, su enternecedora torpeza y desamparo y encuentra su propia dicha en el buen desarrollo del niño. Bajo su protección crece lentamente hacia un hombre sensible y con entendimiento.

En el primer plano se halla la madre como educadora. Lo que al niño le fue dado en valores anímicos del padre y la madre a través de la sangre, todas las cualidades heredadas, virtudes y defectos, dormitan en él, y ella toma sobre si la sagrada misión de despertarlos, de fomentarlos o reducirlos, en definitiva, de crear al Ser interno. ¡Cuánto infinito trabajo, cuántas preocupaciones y esfuerzos, cuánto amor y dureza necesita un tal corazón de mujer, hasta que de un ser pequeño que casi vegeta, se hace un niño sensato!

Obediencia, amor a la verdad, lealtad al deber, bondad, formalidad, limpieza… todas estas son cosas que la naturaleza no nos da completas, sino que en mayor o menor grado deben ser aprendidas duramente. Escuchemos en este instante nuestros primeros recuerdos, y así la voz amonestadora y bondadosa de nuestra madre resonará en miles de ocasiones, pequeñas y grandes, demostrándonos que lo que hoy llevamos dentro, casi sin darnos cuenta, ha sido laboriosamente inculcado por ella.

Hasta aquí nos ha cuidado y protegido ella sola. Ya se acerca el día en que debe compartir estos deberes: El primer día de clase. Con ardiente impaciencia y orgullosa alegría es ansiado por el niño, y también por la madre, pero con inquietas preocupaciones y cierto pesar de corazón. Su mas propio ser, hasta entonces exclusiva propiedad, su uno y todo, debe pasar a manos extrañas. Y no solo el colegio, tambien el padre exige ahora su derecho como educador. El hombre educa con dureza, la madre con amor. Cuanto mayor su dureza, tanto mayor su amor y con este amor continua todo su comportamiento, obrando compasivamente y atenuando. Orgullo sin limites y profunda preocupación alteran y dejan templar su corazón.

Pero el tiempo más duro aún tiene que llegar: los años tempestuosos del niño. Sin éste saberlo, ella lucha con él en todas las penas de su tiempo. Su empuje hacia la independencia espiritual es vivido por ella y la eterna lucha generacional es soportada por ella con infinita paciencia. La juventud se interesa en todo de forma impetuosa, se siente incomprendida por la madre. Sus puntos de vista juveniles y sus fines son los únicos que le parecen aceptables y buenos. Abierta o subrepticiamente, empieza aquí el duelo entre dos generaciones, en la cual una parte debe resignarse con la comprensión y el perdón y la otra empuja hacia delante con un egoísmo que no atiende a razones.

Mas que antes por la salud y el desarrollo del niño, sufre la madre ahora en el corazón. El refrán: “ Los niños pequeños pesan a la madre en el regazo, los niños grandes en el corazón” encuentra aquí su amarga verdad. Comprendiéndolo y perdonándolo todo, siempre dispuesta a perdonar y ayudar, así se halla la madre en los años de nuestro desarrollo espiritual, siempre a nuestro lado, y ninguna ofensa o falta –por mayor que sea- podrá reducir su amor. Se acerca el tiempo en el cual los niños han crecido y entran en la vida. Con todo el alivio aparente que esto parece que vaya a ser para la madre, la preocupación por ellos no la dejara descansar. Un hijo esta en la lejanía y el otro se a casado, pero el futuro de cada uno de ellos, lo vivirá la madre como si fuera el propio."

[kobiety1A.jpg]

Jose Antonio Primo de Rivera (III): La revolución Española (ya en FEJONS)

DISCURSO SOBRE LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA
PRONUNCIADO EN EL CINE MADRID, DE MADRID, EL DIA 19 DE MAYO DE 1935

Camaradas:

El acto de la Comedia, del que se ha hablado aquí esta mañana varias veces, fue un preludio. Tenía el calor y todavía, si queréis, la irresponsabilidad de la infancia. Este de hoy es un acto cargado de gravísima responsabilidad; es el acto de rendición de cuentas de una larga jornada de año y medio, y principio de una nueva etapa que, ciertamente, terminará con el triunfo definitivo de la Falange Española de las J.O.N.S. en España. Junto a esta piedra miliar de nuestro camino se nos exige, ya de cara a la Historia, un rigor de precisión y emplazamiento, que es el deber mío, en esta mañana de hoy, aunque al cumplimiento de ese deber sacrifique alguna brillantez que, acaso, pudiera conseguir y parte del gratísimo halago del aplauso vuestro.

Nuestro movimiento — y cuando hablo de nuestro movimiento me refiero lo mismo al inicial de Falange Española que al inicial de las J.O.N.S., puesto que ambos están ya irremisiblemente fundidos — empalma, como ha dicho muy bien Onésimo Redondo, con la revolución del 14 de abril. La ocasión de nuestra aparición sobre España fue el 14 de abril de 1931. Esta fecha — todos lo sabéis — ha sido mirada desde muy distintos puntos de vista; ha sido, como todas las fechas históricas, contemplada con bastante torpeza y con bastante zafiedad. Nosotros, que estamos tan lejos de los rompedores de escudos en las fachadas como de los que sienten solamente la nostalgia de los rigores palaciegos, tenemos que valorar exactamente, de cara — lo repito — a la Historia, el sentido del 14 de abril en relación con nuestro movimiento.

El 14 de abril de 1931 — hay que reconocerlo, en verdad — no fue derribada la Monarquía española. La Monarquía española había sido el instrumento histórico de ejecución de uno de los más grandes sentidos universales. Había fundado y sostenido un Imperio, y lo había fundado y sostenido, cabalmente, por lo que constituía su fundamental virtud; por representar la unidad de mando. Sin la unidad de mando no se va a parte alguna. Pero la Monarquía dejó de ser unidad de mando hacía bastante tiempo: en Felipe III, el rey ya no mandaba; el rey seguía siendo el signo aparente, mas el ejercicio del Poder decayó en manos de validos, en manos de ministros: de Lerma, de Olivares, de Aranda, de Godoy. Cuando llega Carlos VI la Monarquía ya no es más que un simulacro sin sustancia. La Monarquía, que empezó en los campamentos, se ha recluido en las Cortes; el pueblo español es implacablemente realista; el pueblo español, que exige a sus santos patronos que le traigan la lluvia cuando hace falta, y si no se la traen los vuelve de espaldas en el altar; el pueblo español, repito, no entendía este simulacro de la Monarquía sin Poder; por eso el 14 de abril de 1931 aquel simulacro cayó de su sitio sin que entrase en lucha siquiera un piquete de alabarderos.

Pero ¿qué advino entonces? Pocas veces habrá habido un instante más propicio para iniciar, concluido uno, un nuevo y gran capítulo de la Historia patria. Cabalmente, aquel sentido incruento del 14 de abril, aquello de que se hubiera desprendido una situación sin sangre y sin daño, casi sin duelo, colocaba de cara a una ancha llanura histórica donde galopar. No había que sustanciar resentimientos, no había que ejecutar justicias, no había apenas que enjugar lágrimas. Se abría por delante una clara esperanza para todo un pueblo; vosotros recordáis la alegría del 14 de abril, y seguramente muchos de vosotros tomasteis parte en aquella alegría. Como todas las alegrías populares, era imprecisa, no percibía su propia explicación; pero tenía debajo, como todos los movimientos populares, muy exactas y muy hondas precisiones. La alegría del 14 de abril, una vez más, era el reencuentro del pueblo español con la vieja nostalgia de su revolución pendiente. El pueblo español necesita su revolución y creyó que la había conseguido el 14 de abril de 1931; creyó que la había conseguido porque le pareció que esa fecha le prometía sus dos grandes cosas, largamente anheladas: primero, la devolución de un espíritu nacional colectivo; después, la implantación de una base material, humana, de convivencia entre los españoles.

¿Era mucho que se esperase un sentido nacional colectivo de los hombres del 14 de abril? Muchas cosas podrían decirse en contra suya; pero acaso algunas de esas mismas cosas fueran la mejor fianza de su fecundidad. Los hombres del 14 de abril pareció que llegaban de vuelta al patriotismo y llegaban por el camino mejor: por el amargo camino de la crítica. Esta era su promesa de fecundidad; porque yo os digo que no hay patriotismo fecundo si no llega a través del camino de la crítica. Y os diré que el patriotismo nuestro también ha llegado por el camino de la crítica. A nosotros no nos emociona, ni poco ni mucho, esa patriotería zarzuelera que se regodea con las mediocridades, con las mezquindades presentes de España y con las interpretaciones gruesas del pasado. Nosotros amamos a España porque no nos gusta. Los que aman a su patria porque les gusta la aman con una voluntad de contacto, la aman física, sensualmente. Nosotros la amamos con una voluntad de perfección. Nosotros no amamos a esta ruina, a esta decadencia de nuestra España física de ahora. Nosotros amamos a la eterna e inconmovible metafísica de España.

La base de convivencia humana, la base material para el asentamiento del pueblo español, también está pendiente desde hace siglos.

El fenómeno de la quiebra del capitalismo es universal. No es ésta la ocasión de que yo hable de él en sus caracteres técnicos. Ya hemos tenido sobre ello otras comunicaciones. Ante otros auditorios, en otras circunstancias, he hablado de esto más por menudo. Hoy, ante todos vosotros, sólo quiero fijar el valor de algunas palabras para que no os las deformen.

Cuando hablamos del capitalismo — ya lo sabéis todos — no hablamos de la propiedad. La propiedad privada es lo contrario del capitalismo; la propiedad es la proyección directa del hombre sobre sus cosas: es un atributo elemental humano. El capitalismo ha ido sustituyendo esta propiedad del hombre por la propiedad del capital, del instrumento técnico de dominación económica. El capitalismo, mediante la competencia terrible y desigual del capital grande contra la propiedad pequeña, ha ido anulando el artesanado, la pequeña industria, la pequeña agricultura: ha ido colocando todo — y va colocándolo cada vez más — en poder de los grandes trusts, de los grandes grupos bancarios. El capitalismo reduce el final a la misma situación de angustia, a la misma situación infrahumana del hombre desprendido de todos sus atributos, de todo el contenido de su existencia, a los patronos y a los obreros, a los trabajadores y a los empresarios. Y esto sí que quisiera que quedase bien grabado en la mente de todos; es hora ya de que no nos prestemos al equívoco de que se presente a los partidos obreros como partidos antipatronales o se presente a los grupos patronales como contrarios, como adversarios, en la lucha con los obreros. Los obreros, los empresarios, los técnicos, los organizadores, forman la trama total de la producción, y hay un sistema capitalista que con el crédito caro, que con los privilegios abusivos de accionistas y obligacionistas, se lleva, sin trabajar, la mejor parte de la producción, y hunde y empobrece por igual a los patronos, a los empresarios, a los organizadores y a los obreros.

Pensad a lo que ha venido a quedar reducido el hombre europeo por obra del capitalismo. Ya no tiene casa, ya no tiene patrimonio, ya no tiene individualidad, ya no tiene habilidad artesana, ya es un simple número de aglomeraciones. Hay por ahí demagogos de izquierda que hablan contra la propiedad feudal y dicen que los obreros viven como esclavos. Pues bien: nosotros, que no cultivamos ninguna demagogia, podemos decir que la propiedad feudal era mucho mejor que la propiedad capitalista y que los obreros están peor que los esclavos. La propiedad feudal imponía al señor, al tiempo que le daba derechos, una serie de cargas; tenía que atender a la defensa y aun a la manutención de sus súbditos. La propiedad capitalista es fría e implacable: en el mejor de los casos, no cobra la renta, pero se desentiende del destino de los sometidos. Y en cuanto a los esclavos, éstos eran un elemento patrimonial en la fortuna del señor; el señor tenía que cuidar de que el esclavo no se muriese, porque el esclavo le costaba el dinero, como una máquina, como un caballo, mientras que ahora se muere un obrero y saben los grandes señores de la industria capitalista que tienen cientos de miles de famélicos esperando a la puerta para sustituirle.

Una figura, en parte torva y en parte atrayente, la figura de Carlos Marx, vaticinó todo este espectáculo a que estamos asistiendo, de la crisis del capitalismo. Ahora todos nos hablan por ahí de si son marxistas o si son antimarxistas. Yo os pregunto, con ese rigor de examen de conciencia que estoy comunicando a mis palabras: ¿Qué quiere decir el ser antimarxista? ¿Quiere decir que no apetece el cumplimiento de las previsiones de Marx? Entonces estamos todos de acuerdo. ¿Quiere decir que se equivocó Marx en sus previsiones? Entonces los que se equivocan son los que le achacan ese error.

Las previsiones de Marx se vienen cumpliendo más o menos de prisa, pero implacablemente. Se va a la concentración de capitales; se va a la proletarización de las masas, y se va, como final de todo, a la revolución social, que tendrá un durísimo período de dictadura comunista. Y esta dictadura comunista tiene que horrorizarnos a nosotros, europeos, occidentales, cristianos, porque ésta sí que es la terrible negación del hombre; esto sí que es la asunción del hombre en una inmensa masa amorfa, donde se pierde la individualidad, donde se diluye la vestidura corpórea de cada alma individual y eterna. Notad bien que por eso somos antimarxistas; que somos antimarxistas porque nos horroriza, como horroriza a todo occidental, a todo cristiano, a todo europeo, patrono o proletario, esto de ser como un animal inferior en un hormiguero. Y nos horroriza porque sabemos algo de ello por el capitalismo; también el capitalismo es internacional y materialista. Por eso no queremos ni lo uno ni lo otro; por eso queremos evitar — porque creemos en su aserto — el cumplimiento de las profecías de Carlos Marx. Pero lo queremos resueltamente; no lo queremos como esos partidos antimarxistas que andan por ahí y creen que el cumplimiento inexorable de unas leyes económicas e históricas se atenúa diciendo a los obreros unas buenas palabras y mandándoles unos abriguitos de punto para sus niños.

Si se tiene la seria voluntad de impedir que lleguen los resultados previstos en el vaticinio marxista, no hay más remedio que desmontar el armatoste cuyo funcionamiento lleva implacablemente a esas consecuencias: desmontar el armatoste capitalista que conduce a la revolución social, a la dictadura rusa. Desmontarlo, pero ¿para sustituirlo con qué?

Mañana, pasado, dentro de cien años, nos seguirán diciendo los idiotas: queréis desmontarlo para sustituirlo por otro Estado absorbente, anulador de la individualidad. Para sacar esta consecuencia, ¿íbamos nosotros a tomar el trabajo de perseguir los últimos efectos del capitalismo y del marxismo hasta la anulación del hombre? Si hemos llegado hasta ahí y si queremos evitar eso, la construcción de un orden nuevo la tenemos que empezar por el hombre, por el individuo, como occidentales, como españoles y como cristianos; tenemos que empezar por el hombre y pasar por sus unidades orgánicas, y así subiremos del hombre a la familia, y de la familia al Municipio y, por otra parte, al Sindicato, y culminaremos en el Estado, que será la armonía de todo. De tal manera, en esta concepción político-histórico-moral con que nosotros contemplamos el mundo, tenemos implícita la solución económica; desmontaremos el aparato económico de la propiedad capitalista que absorbe todos los beneficios, para sustituirlo por la propiedad individual, por la propiedad familiar, por la propiedad comunal y por la propiedad sindical.

Hacer esto corre prisa en el mundo, y más aún en España. Corre más prisa en España porque nuestra situación es, de un lado, peor, y de otro lado, menos grave que la de otros países. El capitalismo, allende las fronteras, tuvo gran cantidad de riquezas y de iniciativas; pero el capitalismo español fue raquítico desde sus comienzos; desde sus principios empezó a claudicar con los auxilios estatales, con los auxilios arancelarios. Nuestra economía estaba más depauperada que casi ninguna; nuestro pueblo vivía más miserablemente que casi ninguno. No os tengo que decir nada de esto, después de lo que habéis oído a los camaradas que me han precedido en este sitio. Gran parte de la tierra española, ancha, triste, seca, destartalada, huesuda, como sus pobladores, parece no tener otro destino que el de esperar a que esos huesos de sus habitantes se le entreguen definitivamente en la sepultura.

Este suelo nuestro, en que se pasa del verano al invierno sin otoño ni primavera; este suelo nuestro, con los montes sin árboles, con los pueblos sin agua ni jardines; este suelo inmenso donde hay tanto por hacer y sobre el que se mueren de hambre setecientos mil parados y sus familias, porque no se les da nada en qué trabajar; este suelo nuestro, en el que es un conflicto que haya una cosecha buena de trigo, cuando, con ser el pan el único alimento, comen las gentes menos pan que en todo el occidente de Europa; este pueblo nuestro necesita que se hiciera la transformación más de prisa que en ninguna parte.

Y hacer esto aquí sería más fácil, porque el capitalismo es en España menos fuerte. Nuestra economía es casi una economía interna; tenemos innumerables cosas que hacer. Con una inteligente reforma agraria, como la que Onésimo Redondo os ha expuesto, y con una reforma crediticia que redimiese a los labradores, a los pequeños industriales, a los pequeños comerciantes, de las garras doradas de la usura bancaria, con esas dos cosas habría tarea para lograr, durante cincuenta años, la felicidad del pueblo español.

El recobrar un sentido nacional y el asentar a España sobre una base social más justa eran las dos cosas que implícitamente prometía (así lo entendió el pueblo al llenarse de júbilo) la llamada revolución del 14 de abril. Ahora bien: ¿las ha realizado? ¿Nos ha devuelto el gozoso sentido nacional? ¿Nos ha vuelto a unir en una misión nacional de todos?

¿Para qué he de hablar de lo que nos han dividido, de lo que nos han vejado, de lo que nos han perseguido, de lo que nos han lanzado a los unos contra los otros? Os quiero señalar sólo alguna de las definitivas traiciones contra la nación que debemos a aquellos primeros hombres del 14 de abril. Primero, el Estatuto de Cataluña. Muchos de vosotros conocéis las ideas de Falange sobre este particular. La Falange sabe muy bien que España es varia, y eso no le importa. Justamente por eso ha tenido España, desde sus orígenes, vocación de Imperio. España es varia y es plural, pero sus pueblos varios, con sus lenguas, con sus usos, con sus características, están unidos irrevocablemente en una unidad de destino en lo universal. No importa nada que se aflojen los lazos administrativos; mas con una condición: con la de que aquella tierra a la que se dé más holgura tenga tan afianzada en su alma la conciencia de la unidad de destino, que no vaya a usar jamás de esa holgura para conspirar contra aquélla.

Pues bien: la Constitución, con la aquiescencia de los partidos derechistas que nos gobiernan ahora, se ha venido a entender en el sentido de que hay que conceder la autonomía a aquellos pueblos que han llegado a su mayor edad, que han llegado a su diferenciación; es decir, que en vez de tomarse precauciones y lanzar sondeos para ver si la unidad no peligra, lo que se hace es dar una autonomía a aquellas regiones donde ha empezado a romperse la unidad, para que acabe de romperse del todo.

Política internacional. En estos días todos os halláis un poco al corriente de ella, por lo que han dicho los periódicos. España lleva cuatro años haciendo la política internacional francesa, moviéndose en la órbita internacional de Francia. El que España desenvuelva una política internacional de acuerdo con potencias amigas es cosa que no tiene por qué sorprendemos. Pero en lo internacional las naciones nunca entregan sino a costa de recibir algo, y Francia, cuya política internacional servimos, nos maltrata en los Tratados de comercio y nos tiene relegados a un plan inferior en Tánger y negocia a nuestras espaldas el régimen del Mediterráneo, como si en el Mediterráneo no estuviéramos nosotros; es decir, que lo único que nos resarce de servir en el mundo a la política internacional francesa es la vanidad satisfecha de algún pedante ministro o embajador.

Pues ¿y la política seguida para desarticular — fue otro el verbo empleado — , para desarticular el Ejército, la garantía más fuerte y todavía más sana de todo lo permanente español? Sin embargo, no se sabe por qué designio hubo mucho cuidado en desarticular pronto esta garantía.

Y, por último, la declaración constitucional de que España renuncia a la guerra. ¿Qué quiere decir eso? Si es una simple estupidez, sin nada detrás, allá sus autores. Si se quiere decir que España tiene el propósito de ser neutral en guerras futuras, entonces tenía que haber ido seguida esa declaración de un aumento de fuerzas en la tierra, en el mar y en el aire, porque una nación con todas sus costas abiertas y colocada en uno de los puntos más peligrosos de Europa no puede decidir, ni siquiera acerca de su neutralidad, si no puede hacer que la respeten. Sólo los fuertes pueden ser dignamente neutrales. Yo no sé si los autores de aquella frase querrían imponernos una neutralidad indigna.

¿Y en lo social? ¿Se hizo la reforma agraria? ¿Se hizo la reforma crediticia? Ya sabéis que la reforma agraria que presentaron los hombres del 14 de abril, en vez de ir, como la que nosotros apetecernos, a rellenar de sustancia al hombre, a volver a dotar al hombre de su integridad humana, social, occidental, cristiana, española; en vez de hacer eso, tendió a la colectivización del campo, es decir, a proletarizar también el campo, a convertir a los campesinos en masa gregaria, como los obreros de la ciudad. A eso tendían, y ni siquiera eso han hecho. Esta es la hora en que no han dado apenas un trozo de tierra a los campesinos. De la Ley de Reforma Agraria, lo único que empezaron a cumplir fue un precepto añadido a última hora por un puro propósito de represalia.

Y la reforma financiera, ¿se ha hecho? ¿Han ganado acaso con alguna medida sabia los productores, los obreros los empresarios, los que participan de veras en esta obra total de la producción? Estos han perdido; bien sabéis la época de crisis que aún están viviendo. En cambio, no han disminuido ni las ganancias de las grandes empresas industriales ni las ganancias de los Bancos.

Los hombres del 14 de abril tienen en la Historia la responsabilidad terrible de haber defraudado otra vez la revolución española. Los hombres del 14 de abril no hicieron lo que el 14 de abril prometía, y por eso ya empiezan a desplegarse frente a ellos, frente a su obra, frente al sentido prometedor de su fecha inicial, las fuerzas antiguas. Y aquí sí que me parece que entro en un terreno en que todo vuestro silencio y toda vuestra exactitud para entender van a ser escasos. Dos órdenes de fuerza se movilizan contra el sentido revolucionario frustrado el 14 de abril: las fuerzas monárquicas y las derechas afectas al régimen. Fijaos en que ante el problema de la Monarquía, nosotros no podemos dejamos arrastrar un instante ni por la nostalgia ni por el rencor. Nosotros tenemos que colocamos ante ese problema de la Monarquía con el rigor implacable de quienes asisten a un espectáculo decisivo en el curso de los días que componen la Historia. Nosotros únicamente tenemos que considerar esto: ¿Cayó la Monarquía española, la antigua, la gloriosa Monarquía española, porque había concluido su ciclo, porque había terminado su misión, o ha sido arrojada la Monarquía española cuando aún conservaba su fecundidad para el futuro? Esto es lo que nosotros tenemos que pensar, y sólo así entendemos que puede resolverse el problema de la Monarquía de una manera inteligente.

Pues bien: nosotros — ya me habéis oído desde el principio — , nosotros entendemos, sin sombra de irreverencia, sin sombra de rencor, sin sombra de antipatía, muchos incluso con mil motivos sentimentales de afecto; nosotros entendemos que la Monarquía española cumplió su ciclo, se quedó sin sustancia y se desprendió, como cáscara muerta, el 14 de abril de 1931. Nosotros hacemos constar su caída con toda la emoción que merece y tenemos sumo respeto para los partidos monárquicos que, creyéndola aún con capacidad de futuro, lanzan a las gentes a su reconquista; pero nosotros, aunque nos pese, aunque se alcen dentro de algunos reservas sentimentales o nostalgias respetables, no podemos lanzar el ímpetu fresco de la juventud que nos sigue para el recobro de una institución que reputamos gloriosamente fenecida.

Esa es una de las alas que se mueven contra la obra y contra el sentido del 14 de abril. La otra de las alas es el populismo. ¿Qué queréis que os diga? Porque en esto sí que ya nos entendemos todos. Yo siento mucha admiración y mucha simpatía hacia el señor Gil Robles, y siento esa simpatía y esa admiración precisamente por el nervio antipopulista que en él descubro. Yo barrunto que un día el señor Gil Robles va a romper con su escuela, y me parece que en ese día el señor Gil Robles prestará buenos servicios a España; pero de la escuela populista, ¿qué queréis esperar vosotros? La escuela populista es como una de esas grandes fábricas alemanas en que se produce el sucedáneo de casi todas las cosas auténticas. Surge en el mundo, por ejemplo, el fenómeno socialista; surge el ímpetu sanguíneo, violento, auténtico, de las masas socialistas; en seguida, la escuela populista, rica en ficheros y en jóvenes cautos, llenos, sí, de prudencia y cortesía, pero que se parecen más que a nada a los formados en la más refinada escuela masónica, produce un sucedáneo del socialismo y organiza una cosa que se llama democracia cristiana: frente a las Casas del Pueblo, Casas del Pueblo; frente a los ficheros, ficheros; frente a las leyes sociales, leyes sociales. Se adiestra en escribir Memorias sobre la participación en los beneficios, sobre el retiro obrero otras mil lindezas. Lo único que pasa es que los obreros auténticos no entran en esas jaulas preciosas del populismo, y las jaulas preciosas no llegan a calentarse nunca. Surge en el mundo el fascismo con su valor de lucha, de alzamiento, de protesta de pueblos oprimidos contra circunstancias adversas y con su cortejo de mártires y con su esperanza de gloria, y en seguida sale el partido populista y se va, supongámoslo, para que nadie se dé por aludido, a El Escorial, y organiza un desfile de jóvenes con banderas, con viajes pagados, con todo lo que se quiera, menos con el valor juvenil revolucionario y fuerte que han tenido las juventudes fascistas. Y no os preocupéis, que si Dios nos da vida, veremos en España una República cedista, con representación personal y con ley de Prensa, que tendrá los mayores parecidos con todas las Repúblicas laicas del centro de Europa.

Por eso, camaradas, ni estamos en el grupo de reacción monárquica, ni estamos en el grupo de reacción populista. Nosotros, frente a la defraudación del 14 de abril, frente al escamoteo del 14 de abril, no podemos estar en ningún grupo que tenga, más o menos oculto, un propósito reaccionario, un propósito contrarrevolucionario, porque nosotros precisamente alegamos contra el 14 de abril, no el que fuese violento, no el que fuese incómodo, sino el que fuese estéril, el que frustrase una vez más la revolución pendiente española. Y por eso nosotros, contra todas las injurias, contra todas las deformaciones, lo que hacemos es recoger de en medio de la calle, de entre aquellos que lo tuvieron y abandonaron, y aquellos que no lo quieren recoger, el sentido, el espíritu revolucionario español que, más tarde o más pronto, por las buenas o por las malas, nos devolverá la comunidad de nuestro destino histórico y la justicia social profunda que nos está haciendo falta. Por eso nuestro régimen, que tendrá de común con todos los regímenes revolucionarios el venir así del descontento, de la protesta, del amor amargo por la Patria, será un régimen nacional del todo, sin patrioterías, sin faramallas de decadencia, sino empalmado con la España exacta, difícil y eterna que esconde la vena de la verdadera tradición española; y será social en lo profundo, sin demagogias, porque no harán falta, pero implacablemente anticapitalista, implacablemente anticomunista. Ya veréis cómo rehacemos la dignidad del hombre para sobre ella rehacer la dignidad de todas las instituciones que, juntas, componen la Patria.

Esto es lo que queremos nosotros y ésta es la jornada que hoy de nuevo emprendemos. Esta jornada, camaradas, tiene la virtud de ser difícil; nuestra misión es la más difícil; por eso la hemos elegido y por eso es fecunda. Tenemos en contra a todos: a los revolucionarios del 14 de abril, que se obstinan en deformarnos y nos seguirán deformando después de estas palabras bastante claras, porque saben que la exigencia de cuentas que representa nuestra comparecencia ante España es la más fuerte acta de acusación levantada contra ellos, y de otra parte, a los contrarrevolucionarios, porque esperaron, al principio, que nosotros viniéramos a ser la avanzada de sus intereses en riesgo, y entonces se ofrecían a protegernos y a asistirnos, y hasta a darnos alguna moneda, y ahora se vuelven locos de desesperación al ver que lo que creían la vanguardia se ha convertido en el Ejército entero independiente.

Contra los unos y contra los otros, en la línea constante y verdadera de España, atacados por todos los flancos, sin dinero, sin periódicos (ved la propaganda que se ha hecho de este acto, que congrega a diez mil camaradas nuestros), asediados, deformados por todas partes, nuestra misión es difícil hasta el milagro; pero nosotros creemos en el milagro; nosotros estamos asistiendo a este milagro de España ¿Cuántos éramos en 1933? Un puñado, y hoy somos muchedumbres en todas partes. Nosotros nos aventuramos a congregar en cuatro días en este local, que es el más grande de Madrid, a todos los que vienen, incluso a pie, de las provincias más lejanas, para ver el espectáculo de nuestras banderas y los nombres de nuestros muertos. Nosotros hemos elegido, a sabiendas, la vía más dura, y con todas sus dificultades, con todos sus sacrificios, hemos sabido alumbrar — ¿qué sé yo si la única? — una de las venas heroicas que aún quedaban bajo la tierra de España.

Unas pocas palabras, unos pocos medios exteriores, han bastado para que reclamen el primer puesto en las filas donde se mueren dieciocho camaradas jóvenes, a quienes la vida todo lo prometía. Nosotros, sin medios, con esta pobreza, con estas dificultades, vamos recogiendo cuanto hay de fecundo y de aprovechable en la España nuestra. Y queremos que la dificultad siga hasta el final y después del final; que la vida nos sea difícil antes del triunfo y después del triunfo. Hace unos días recordaba yo ante una concurrencia pequeña un verso romántico: "No quiero el Paraíso, sino el descanso" — decía — . Era un verso romántico, de vuelta a la sensualidad; era una blasfemia, pero una blasfemia montada sobre una antítesis certera; es cierto, el Paraíso no es el descanso. El Paraíso está contra el descanso. En el Paraíso no se puede estar tendido; se está verticalmente como los ángeles. Pues bien: nosotros, que ya hemos llevado al camino del Paraíso las vidas de nuestros mejores, queremos un Paraíso difícil, erecto, implacable; un Paraíso donde no se descanse nunca y que tenga, junto a las jambas de las puertas, ángeles con espadas.

Jose Antonio Primo de Rivera (II): Fundación FE

DISCURSO DE LA FUNDACION DE FALANGE ESPAÑOLA
Pronunciado en el Teatro de la Comedia de Madrid, el día 29 de octubre de 1933:

"Nada de un párrafo de gracias. Escuetamente, gracias, como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo.

Cuando, en marzo de 1762, un hombre nefasto, que se llamaba Juan Jacobo Rousseau, publicó El Contrato Social, dejó de ser la verdad política una entidad permanente. Antes, en otras épocas más profundas, los Estados, que eran ejecutores de misiones históricas, tenían inscritas sobre sus frentes, y aun sobre los astros, la justicia y la verdad. Juan Jacobo Rousseau vino a decirnos que la justicia y la verdad no eran categorías permanentes de razón, sino que eran, en cada instante, decisiones de voluntad.

Juan Jacobo Rousseau suponía que el conjunto de los que vivimos en un pueblo tiene un alma superior, de jerarquía diferente a cada una de nuestras almas, y que ese yo superior está dotado de una voluntad infalible, capaz de definir en cada instante lo justo y lo injusto, el bien y el mal. Y como esa voluntad colectiva, esa voluntad soberana, sólo se expresa por medio del sufragio — conjetura de los más que triunfa sobre la de los menos en la adivinación de la voluntad superior — , venía a resultar que el sufragio, esa farsa de las papeletas entradas en una urna de cristal, tenía la virtud de decirnos en cada instante si Dios existía o no existía, si la verdad era la verdad o no era la verdad, si la Patria debía permanecer o si era mejor que, en un momento, se suicidase.

Como el Estado liberal fue un servidor de esa doctrina, vino a constituirse no ya en el ejecutor resuelto de los destinos patrios, sino en el espectador de las luchas electorales. Para el Estado liberal sólo era lo importante que en las mesas de votación hubiera sentado un determinado número de señores; que las elecciones empezaran a las ocho y acabaran a las cuatro; que no se rompieran las urnas. Cuando el ser rotas es el más noble destino de todas las urnas. Después, a respetar tranquilamente lo que de las urnas saliera, como si a él no le importase nada. Es decir, que los gobernantes liberales no creían ni siquiera en su misión propia; no creían que ellos mismos estuviesen allí cumpliendo un respetable deber, sino que todo el que pensara lo contrario y se propusiera asaltar el Estado, por las buenas o por las malas, tenía igual derecho a decirlo y a intentarlo que los, guardianes del Estado mismo a defenderlo.

De ahí vino el sistema democrático, que es, en primer lugar, el más ruinoso sistema de derroche de energías. Un hombre dotado para la altísima función de gobernar, que es tal vez la más noble de las funciones humanas, tenía que dedicar el ochenta, el noventa o el noventa y cinco por ciento de su energía a sustanciar reclamaciones formularias, a hacer propaganda electoral, a dormitar en los escaños del Congreso, a adular a los electores, a aguantar sus impertinencias, porque de los electores iba a recibir el Poder; a soportar humillaciones y vejámenes de los que, precisamente por la función casi divina de gobernar, estaban llamados a obedecerle; y si, después de todo eso, le quedaba un sobrante de algunas horas en la madrugada, o de algunos minutos robados a un descanso intranquilo, en ese mínimo sobrante es cuando el hombre dotado para gobernar podía pensar seriamente en las funciones sustantivas de Gobierno.

Vino después la pérdida de la unidad espiritual de los pueblos, porque como el sistema funcionaba sobre el logro de las mayorías, todo aquel que aspiraba a ganar el sistema, tenía que procurarse la mayoría de los sufragios. Y tenía que procurárselos robándolos, si era preciso, a los otros partidos, y para ello no tenía que vacilar en calumniarlos, en verter sobre ellos las peores injurias, en faltar deliberadamente a la verdad, en no desperdiciar un solo resorte de mentira y de envilecimiento. Y así, siendo la fraternidad uno de los postulados que el Estado liberal nos mostraba en su frontispicio, no hubo nunca situación de vida colectiva donde los hombres injuriados, enemigos unos de otros, se sintieran menos hermanos que en la vida turbulenta y desagradable del Estado liberal.

Y, por último, el Estado liberal vino a depararnos la esclavitud económica, porque a los obreros, con trágico sarcasmo, se les decía: "Sois libres de trabajar lo que queráis; nadie puede compeleros a que aceptéis unas u otras condiciones; ahora bien: como nosotros somos los ricos, os ofrecemos las condiciones que nos parecen; vosotros, ciudadanos libres, si no queréis, no estáis obligados a aceptarlas; pero vosotros, ciudadanos pobres, si no aceptáis las condiciones que nosotros os impongamos, moriréis de hambre, rodeados de la máxima dignidad liberal". Y así veríais cómo en los países donde se ha llegado a tener Parlamentos más brillantes e instituciones democráticas más finas, no teníais más que separamos unos cientos de metros de los barrios lujosos para encontramos con tugurios infectos donde vivían hacinados los obreros y sus familias, en un límite de decoro casi infrahumano. Y os encontraríais trabajadores de los campos que de sol a sol se doblaban sobre la tierra, abrasadas las costillas, y que ganaban en todo el año, gracias al libre juego de la economía liberal, setenta u ochenta jornales de tres pesetas.

Por eso tuvo que nacer, y fue justo su nacimiento (nosotros no recatamos ninguna verdad), el socialismo. Los obreros tuvieron que defenderse contra aquel sistema, que sólo les daba promesas de derechos, pero no se cuidaba de proporcionarles una vida justa.

Ahora, que el socialismo, que fue una reacción legítima contra aquella esclavitud liberal, vino a descarriarse, porque dio, primero, en la interpretación materialista de la vida y de la Historia; segundo, en un sentido de represalia; tercero, en una proclamación del dogma de la lucha de clases.

El socialismo, sobre todo el socialismo que construyeron, impasibles en la frialdad de sus gabinetes, los apóstoles socialistas, en quienes creen los pobres obreros, y que ya nos ha descubierto tal como eran Alfonso García Valdecasas; el socialismo así entendido, no ve en la Historia sino un juego de resortes económicos: lo espiritual se suprime; la Religión es un opio del pueblo; la Patria es un mito para explotar a los desgraciados. Todo eso dice el socialismo. No hay más que producción, organización económica. Así es que los obreros tienen que estrujar bien sus almas para que no quede dentro de ellas la menor gota de espiritualidad.

No aspira el socialismo a restablecer una justicia social rota por el mal funcionamiento de los Estados liberales, sino que aspira a la represalia; aspira a llegar en la injusticia a tantos grados más allá cuantos más acá llegaran en la injusticia los sistemas liberales.

Por último, el socialismo proclama el dogma monstruoso de la lucha de clases; proclama el dogma de que las luchas entre las clases son indispensables, y se producen naturalmente en la vida, porque no puede haber nunca nada que las aplaque. Y el socialismo, que vino a ser una crítica justa del liberalismo económico, nos trajo, por otro camino, lo mismo que el liberalismo económico: la disgregación, el odio, la separación, el olvido de todo vínculo de hermandad y de solidaridad entre los hombres.

Así resulta que cuando nosotros, los hombres de nuestra generación, abrimos los ojos, nos encontramos con un mundo en ruina moral, un mundo escindido en toda suerte de diferencias; y por lo que nos toca de cerca, nos encontramos en una España en ruina moral, una España dividida por todos los odios y por todas las pugnas. Y así, nosotros hemos tenido que llorar en el fondo de nuestra alma cuando recorríamos los pueblos de esa España maravillosa, esos pueblos en donde todavía, bajo la capa más humilde, se descubren gentes dotadas de una elegancia rústica que no tienen un gesto excesivo ni una palabra ociosa, gentes que viven sobre una tierra seca en apariencia, con sequedad exterior, pero que nos asombra con la fecundidad que estalla en el triunfo de los pámpanos y los trigos. Cuando recorríamos esas tierras y veíamos esas gentes, y las sabíamos torturadas por pequeños caciques, olvidadas por todos los grupos, divididas, envenenadas por predicaciones tortuosas, teníamos que pensar de todo ese pueblo lo que él mismo cantaba del Cid al verle errar por campos de Castilla, desterrado de Burgos:

¡Dios, qué buen vasallo si ovierá buen señor!

Eso vinimos a encontrar nosotros en el movimiento que empieza en ese día: ese legítimo soñar de España; pero un señor como el de San Francisco de Borja, un señor que no se nos muera. Y para que no se nos muera, ha de ser un señor que no sea, al propio tiempo, esclavo de un interés de grupo ni de un interés de clase.

El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas. Porque en el fondo, la derecha es la aspiración a mantener una organización económica, aunque sea injusta, y la izquierda es, en el fondo, el deseo de subvertir una organización económica, aunque al subvertiría se arrastren muchas cosas buenas. Luego, esto se decora en unos y otros con una serie de consideraciones espirituales. Sepan todos los que nos escuchan de buena fe que estas consideraciones espirituales caben todas en nuestro movimiento; pero que nuestro movimiento por nada atará sus destinos al interés de grupo o al interés de clase que anida bajo la división superficial de derechas e izquierdas.

La Patria es una unidad total, en que se integran todos los individuos y todas las clases; la Patria no puede estar en manos de la clase más fuerte ni del partido mejor organizado. La Patria es una síntesis trascendente, una síntesis indivisible, con fines propios que cumplir; y nosotros lo que queremos es que el movimiento de este día, y el Estado que cree, sea el instrumento eficaz, autoritario, al servicio de una unidad indiscutible, de esa unidad permanente, de esa unidad irrevocable que se llama Patria.

Y con eso ya tenemos todo el motor de nuestros actos futuros y de nuestra conducta presente, porque nosotros seríamos un partido más si viniéramos a enunciar un programa de soluciones concretas. Tales programas tienen la ventaja de que nunca se cumplen. En cambio, cuando se tiene un sentido permanente ante la Historia y ante la vida, ese propio sentido nos da las soluciones ante lo concreto, como el amor nos dice en qué caso debemos reñir y en qué caso nos debemos abrazar, sin que un verdadero amor tenga hecho un mínimo programa de abrazos y de riñas.

He aquí lo que exige nuestro sentido total de la Patria y del Estado que ha de servirla.

Que todos los pueblos de España, por diversos que sean, se sientan armonizados en una irrevocable unidad de destino.

Que desaparezcan los partidos políticos. Nadie ha nacido nunca miembro de un partido político; en cambio, nacemos todos miembros de una familia; somos todos vecinos de un Municipio; nos afanamos todos en el ejercicio de un trabajo. Pues si ésas son nuestras unidades naturales, si la familia y el Municipio y la corporación es en lo que de veras vivimos, ¿para qué necesitamos el instrumento intermediario y pernicioso de los partidos políticos, que, para unimos en grupos artificiales, empiezan por desunimos en nuestras realidades auténticas?

Queremos menos palabrería liberal y más respeto a la libertad profunda del hombre. Porque sólo se respeta la libertad del hombre cuando se le estima, como nosotros le estimamos, portador de valores eternos; cuando se le estima envoltura corporal de un alma que es capaz de condenarse y de salvarse. Sólo cuando al hombre se le considera así, se puede decir que se respeta de veras su libertad, y más todavía si esa libertad se conjuga, como nosotros pretendemos, en un sistema de autoridad, de jerarquía y de orden.

Queremos que todos se sientan miembros de una comunidad seria y completa; es decir, que las funciones a realizar son muchas: unos, con el trabajo manual; otros, con el trabajo del espíritu; algunos, con un magisterio de costumbres y refinamientos. Pero que en una comunidad tal como la que nosotros apetecernos, sépase desde ahora, no debe haber convidados ni debe haber zánganos.

Queremos que no se canten derechos individuales de los que no pueden cumplirse nunca en casa de los famélicos, sino que se dé a todo hombre, a todo miembro de la comunidad política, por el hecho de serio, la manera de ganarse con su trabajo una vida humana, justa y digna.

Queremos que el espíritu religioso, clave de los mejores arcos de nuestra Historia, sea respetado y amparado como merece, sin que por eso el Estado se inmiscuya en funciones que no le son propias ni comparta — como lo hacía, tal vez por otros intereses que los de la verdadera Religión — funciones que sí le corresponde realizar por sí mismo.

Queremos que España recobre resueltamente el sentido universal de su cultura y de su Historia.

Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque, ¿quién ha dicho — al hablar de "todo menos la violencia" — que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria.

Esto es lo que pensamos nosotros del Estado futuro que hemos de afanamos en edificar.

Pero nuestro movimiento no estaría del todo entendido si se creyera que es una manera de pensar tan sólo; no es una manera de pensar: es una manera de ser. No debemos proponemos sólo la construcción, la arquitectura política. Tenemos que adoptar, ante la vida entera, en cada uno de nuestros actos, una actitud humana, profunda y completa. Esta actitud es el espíritu de servicio y de sacrificio, el sentido ascético y militar de la vida. Así, pues, no imagine nadie que aquí se recluta para ofrecer prebendas; no imagine nadie que aquí nos reunimos para defender privilegios. Yo quisiera que este micrófono que tengo delante llevara mi voz hasta los últimos rincones de los hogares obreros, para decirles: sí, nosotros llevamos corbata; sí, de nosotros podéis decir que somos señoritos. Pero traemos el espíritu de lucha precisamente por aquello que no nos interesa como señoritos; venimos a luchar porque a muchos de nuestras clases se les impongan sacrificios duros y justos, y venimos a luchar por que un Estado totalitario alcance con sus bienes lo mismo a los poderosos que a los humildes. Y así somos, porque así lo fueron siempre en la Historia los señoritos de España. Así lograron alcanzar la jerarquía verdadera de señores, porque en tierras lejanas, y en nuestra Patria misma, supieron arrostrar la muerte y cargar con las misiones más duras, por aquello que precisamente, como a tales señoritos, no les importaba nada.

Yo creo que está alzada la bandera. Ahora vamos a defenderla alegremente, poéticamente. Porque hay algunos que frente a la marcha de la revolución creen que para aunar voluntades conviene ofrecer las soluciones más tibias; creen que se debe ocultar en la propaganda todo lo que pueda despertar una emoción o señalar una actitud enérgica y extrema. ¡Qué equivocación! A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete!

En un movimiento poético, nosotros levantaremos este fervoroso afán de España; nosotros nos sacrificaremos; nosotros renunciaremos, y de nosotros será el triunfo; triunfo que — ¿para qué os lo voy a decir? — no vamos a lograr en las elecciones próximas. En estas elecciones votad lo que os parezca menos malo. Pero no saldrá de ahí vuestra España, ni está ahí nuestro marco. Esa es una atmósfera turbia, ya cansada, como de taberna al final de una noche crapulosa. No está ahí nuestro sitio. Yo creo, sí, que soy candidato; pero lo soy sin fe y sin respeto. Y esto lo digo ahora, cuando ello puede hacer que se me retraigan todos los votos. No me importa nada. Nosotros no vamos a ir a disputar a los habituales los restos desabridos de un banquete sucio. Nuestro sitio está fuera, aunque tal vez transitemos, de paso, por el otro. Nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo, y en lo alto, las estrellas, Que sigan los demás con sus festines. Nosotros fuera, en vigilancia tensa, fervorosa y segura, ya presentimos el amanecer en la alegría de nuestras entrañas."

martes, 12 de mayo de 2009

Jose Antonio Primo de Rivera (I): El Hombre

Pocos hombres, con tan sólo un puñado de años de actividad política, han dejado huellas tan indelebles en la vida de un país como José Antonio.


Pese a eso hoy, a casi 70 años de su muerte, su vida y obra son casi desconocidas para la gran mayoría, así como también se desconoce a la misma Falange Española, de la que fue su fundador y líder.

Su vida está asociada a su amor por España. A su juventud. A la trágica Guerra Civil. A su trágica muerte. A su permanencia en los corazones de millones de españoles. A un gobierno que tomó su nombre y su leyenda, y pocas de sus ideas. A su posterior descalificación.

José Antonio nace en Madrid en 1903 en el seno de una familia acomodada. Allí mismo se recibe de abogado. Tiene cierta participación política universitaria, pero luego ejerce su profesión hasta 1930 cuando, tras la muerte de su padre Miguel (Nota 1), hace su aparición en la vida politica del país. Participa en algunos grupos monárquicos (UMN), a los cuales deja por no prosperar sus ideas renovadoras. Poco tiempo después funda Falange Española, cuya actividad política empieza el 29 de octubre de 1933 con un acto en Madrid. El 13 de febrero de 1934 Falange se une con otra agrupación denominada JONS (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), con lo cual el nuevo movimiento, que lidera José Antonio, pasa a llamarse FE de las JONS.

España vive en esos momentos su Segunda República. Sufre una endémica lucha de izquierdas y derechas. De centralismo y regionalismos. De cambios de mano entre gobiernos inconducentes y de un futuro que se asoma borrascoso y sangriento.

¿Cómo se define José Antonio ante ese panorama?

Su amor por una España indivisible, su patriotismo, su fe Cristiana, lo harían aparecer cerca de las derechas.

Su lucha por la Justicia Social, cerca de las izquierdas.

Pero José Antonio expresaba una pensamiento superador. Se podría decir que tomaba lo mejor de ambos mundos y lo fundía bajo su sesgo particular. Su palabra nos aclara las dudas:

"El ser derechista, como el ser izquierdista, supone siempre expulsar del alma la mitad de lo que hay que sentir."

"Las derechas, sí, invocan a la Patria, invocan a las tradiciones; pero son insolidarias con el hambre del pueblo, insolidarias con la tristeza de esos campesinos que aquí, en Andalucía, y en Extremadura y en León, siguen viviendo como se vivía hace 500 años, siguen viviendo como desde la creación del mundo viven algunas bestias. Y esto no puede ser así"

"El socialismo, contrafigura del capitalismo, supo hacer su crítica, pero no ofreció el remedio, porque prescindió artificialmente de toda estimación del hombre como valor espitirual; así, en Rusia, inhumanamente, no se ha pasado aún del capitalismo de Estado, y es cada día menos probable que se llegue al comunismo".

La posición de José Antonio y la FE de las JONS previa a la guerra civil puede ser calificada de peligrosa. Las izquierdas le declaran un odio mortal, y las derechas lo miran con desconfianza.

El 14 de febrero de 1936 José Antonio y otros líderes de FE son encarcelados y el movimiento declarado ilegal y reprimido violentamente, lo que causa su reacción. Las luchas callejeras se hacen cotidianas. Por diversos motivos, siempre se encuentra un motivo para que José Antonio permanezca en prisión. El levantamiento militar del 18 de julio de 1936 ahí lo encuentra y en la cárcel se lo deja incomunicado. Se ofrece de mediador entre ambos bandos pero no obtiene respuestas, sin embargo sus camaradas se incorporan en masa al alzamiento encabezado por los generales Mola y Franco.

Los intentos por liberarlo, inclusive algunos originados en la izquierda, fracasan. El 17 de noviembre de 1936 se lo juzga en la cárcel de Alicante, junto a su hermano Miguel y su cuñada Margot, bajo la acusación de "rebelión militar". Emprende la defensa de los tres, siendo él condenado a muerte y los restantes a otra penas. Las gestiones de los gobiernos francés, británico y argentino por salvarlo fracasan. Es fusilado el 20 de noviembre de 1936 en plena guerra civil, con sólo 33 años. Sus restos descansan actualmente en el Valle de los Caídos, cerca de Madrid.

Es unánime la opinión que todo el proceso de la guerra civil y su postguerra hubieran sido diferentes con al presencia de José Antonio.

Esta opinión terminó siendo compartida incluso por sus enemigos. Por ejemplo, el anarquista Abad de Santillán escribió: "Los españoles de esta talla, los patriotas como él, no son peligrosos, y no se han de considerar enemigos. ¡Como habría cambiado el destino de España sí hubiera sido posible un acuerdo entre nosotros como deseaba Primo de Rivera!"

Niezsche: "De la guerra y el pueblo guerrero".


"No queremos que con nosotros sean indulgentes nuestros mejores enemigos, ni tampoco aquellos a quienes amamos a fondo. ¡Por ello dejadme que os diga la verdad! ¡Hermanos míos en la guerra! Yo os amo a fondo, yo soy y he sido vuestro igual. Y yo soy también vuestro mejor enemigo. ¡Por ello dejadme que os diga la verdad! Yo sé del odio y de la envidia de vuestro corazón. No sois bastante grandes para no conocer odio y envidia. ¡Sed, pues, bastante grandes para no avergonzaros de ellos! Y si no podéis ser santos del conocimiento, sed al menos guerreros de él. Éstos son los acompañantes y los precursores de tal santidad.

Veo muchos soldados: ¡muchos guerreros es lo que quisiera yo ver! «Uni-forme» se llama lo que llevan puesto: ¡ojalá no sea un¡-formidad lo que con ello encubren! Debéis ser de aquellos cuyos ojos buscan siempre un enemigo - vuestro enemigo. Y en algunos de vosotros hay un odio a primera vista.

¡Debéis buscar vuestro enemigo, debéis hacer vuestra guerra, y hacerla por vuestros pensamientos! ¡Y si vuestro pensamiento sucumbe, vuestra honestidad debe cantar victoria a causa de ello! Debéis amar la paz como medio para nuevas guerras. Y la paz corta más que la larga.

A vosotros no os aconsejo el trabajo, sino la lucha. A vosotros no os aconsejo la paz, sino la victoria. ¡Sea vuestro trabajo una lucha, sea vuestra paz una victoria! Sólo se puede estar callado y tranquilo cuando se tiene una flecha y un arco: de lo contrario, se charla y se disputa. ¡Sea vuestra paz una victoria! ¿Vosotros decís que la buena causa es la que santifica incluso la guerra? Yo os digo: la buena guerra es la que santifica toda causa.

La guerra y el valor han hecho más cosas grandes que el amor al prójimo. No vuestra compasión, sino vuestra valentía es la que ha salvado hasta ahora a quienes se hallaban en peligro.

«¿Qué es bueno?», preguntáis. Ser valiente es bueno. Dejad que las niñas pequeñas digan: «ser bueno es ser bonito y a la vez conmovedor».

Se dice que no tenéis corazón: pero vuestro corazón es auténtico, y yo amo el pudor de vuestra cordialidad. Vosotros os avergonzáis de vuestra pleamar, y otros se avergüenzan de su bajamar.

¿Sois feos? ¡Bien, hermanos míos! ¡Envolveos en lo sublime, que es el manto de lo feo! Y si vuestra alma se hace grande, también se vuelve altanera, y en vuestra sublimidad hay maldad. Yo os conozco.

En la maldad el altanero se encuentra con el debilucho. Pero se malentienden recíprocamente.

Yo os conozco.

Sólo os es lícito tener enemigos que haya que odiar, pero no enemigos para despreciar.

Es necesario que estéis orgullosos de vuestro enemigo: entonces los éxitos de él son también vuestros éxitos.

Rebelión - ésa es la nobleza en el esclavo. ¡Sea vuestra nobleza obediencia! ¡Vuestro propio mandar sea un obedecer! «Tú debes» le suena a un buen guerrero más agradable que «yo quiero» , y a todo lo que os es amado debéis dejarle que primero os mande.

¡Sea vuestro amor a la vida amor a vuestra esperanza más alta: y sea vuestra esperanza más alta el pensamiento más alto de la vida! Pero debéis permitir que yo os ordene vuestro pensamiento más alto - y dice así: el hombre es algo que debe ser superado.

¡Vivid, pues, vuestra vida de obediencia y de guerra! ¡Qué importa vivir mucho tiempo! ¡Qué guerrero quiere ser tratado con indulgencia! ¡Yo no os trato con indulgencia, yo os amo a fondo, hermanos míos en la guerra!" (F. Niezsche - Así habló Zaratustra).