martes, 12 de mayo de 2009

Ultimas reflexiones de León Degrelle

Última entrevista a Léon Degrelle, estandarterführer del Nacional-Socialismo cristiano en Europa.

P.— Si pudiera hacerlo, volvería usted a empezar de nuevo la tarea que emprendió y que finalmente se saldo para usted con un fracaso?

R.— En la línea de lo que fue mi ideal si. Pero no según las normas miserables de los políticos degenerados de hoy. El poder que siempre me intereso no tiene nada que ver con las contorsiones de efectos liliputienses Este poder depreciado lo rechazaría incluso si me lo ofrecieran sobre un trono de oro macizo. ¿Para que iba a aceptarlo? Fracasaría. No existe un solo caso en el que el parlamentarismo de los charlatanes demagogos y de los traficantes no haya fracasado. Ya fuese con la República de Weimar, con el Frente Popular de León Blum, o en Bélgica bajo el fúnebre magisterio del enterrador modelo que fue el señor Pierlot.

Durante mi vida de jefe político y de soldado di todo a mi pueblo con fervor de un amante. Se me ha rechazado, y lo reconozco. En vez de recriminaciones vanas, y a la orilla del Mare Nostrum que nos dio la civilización, prefiero la contemplación de mis adelfas, de mis hibiscos y de mis palmeras que cortan en estrías el cielo azul metálico. Un sol apolineo me nutre. Cada mañana , deslizo con amor mi rosa mas suave por los labios de mármol de la diosa romana que protege mi terraza y mis sueños. ¡La belleza! ¡La belleza¡ Ella embalsama y sublima mis recuerdos. Ella mantiene mi fe en el destino humano. Mis pulmones atrapan la vida, los perfumes y la dulzura del viento en los arboles. Una gran pasión me ilumina el corazón. Y Dios habita en mi.

Si, por un milagro, algún día el destino me volviera a avisar, aun acudiría a la cita, pero a la cita de los forjadores de pueblos, de los maestros de la vida, los únicos que me interesan.

P— Es usted feliz?

R.— He tenido en la vida mi pesada parte de sufrimientos y de penas. Las espantosas prisiones de 1940 me pesaron como la mas dura de las cruces. En los cuatro años de frente ruso estuve en el limite de las peores pruebas que un ser humano pueda soportar. Después, hicieron morir a mi hermano, a mi madre y a mi padre. Durante catorce años ni siquiera supe que había sido de mis hijos. Mi único hijo varón, apenas recuperado, murió en Sevilla, en plena calle, en un accidente de trafico.

Pero ¿de que voy a quejarme? Quise llenar mi alma de grandeza, y es un alimento que cuesta muy caro. Pago la cuenta. Mas la dicha que tuve siguiendo mi vocación, y forjándome un alto destino, compensa las mas acerbas amarguras.

Veo, con la mirada limpia, que esta vida me ha dado un máximo de congojas y de alegrías. Recapitulo. Valía la pena. Soy feliz. si, soy feliz.

P— Le resulta duro el exilio?

R.— Me ha agobiado siempre terriblemente. E1 vagar sin fin me produce una melancolía sofocante. Contemplo los Pirineos con mirada soñadora. Y siento pinchazos en el corazón cuando veo fotos de la vieja fortaleza de Bouillon y de las riberas de mi Semois natal. Pero es algo personal. Y se mantener el animo. La vida me ha curtido el carácter. Ante la desgracia hay que conservar la mirada altiva. Solo estamos vencidos cuando nuestra alma esta vencida. El infortunio no es mas que un incidente.

El verdadero sacrificio del exilio no esta ahí.. Lo que me resulta mas duro y cruel, es sentir que las decenas de años durante los cuales hubiera podido hacer algo grande se van silenciosos e inútiles. Llevaba en mis fuerzas tumultuosas, que distinguía imperfectamente. Yacen inertes en el fondo de mi soledad. Lo que hubiera podido realizar para mi, y sobre todo para los demás, me fue prohibido. El exilio me enterró vivo. Desde 1945 solo he sobrevivido en hibernación.

Este es el verdadero drama de mi exilio: estrechar contra mi corazón posibilidades incandescentes, sofocadas por una capa de plomo. Yo estaba hecho para crear. Desde hace decenas de años mis brazos permanecen caídos. ¿Seré solo el parado de la epopeya, con las herramientas des trozadas para la eternidad?

P.— Mi ultima pregunta: ¿Que siente usted cuando rememora lo que fue su vida?

R.— Cuando reflexiono sobre lo que ha sido mi vida solo tengo un sentimiento. Y es de inmenso pesar. Lamento que no hayamos triunfado. Siento que no hayamos podido modelar este conjunto europeo, que hubiera sido señor del universo para siempre, y que habría asegurado a la raza blanca el gran dominio universal del orden y del espíritu. Cuando vemos lo que nos ha sucedido, lo que largos años de victorias de los demás nos deparo, esta anarquía, esta desbandada del mundo blanco y su deserción en toda la Tierra, cuando observamos en nuestros propios países la descomposición de las costumbres, la ruina de la patria, la ruina de la familia, la ruina de la religión, la ruina del orden social y el fracaso de toda autoridad, cuando observamos el insaciable apetito de bienes materiales que devora indistintamente a ricos y a pobres, a menesterosos y a holgazanes, sucediendo a la gran llama del ideal que nos animaba a nosotros..., pues bien, tenemos que concluir que verdaderamente escogimos el lado bueno.

Abandonados por una sociedad inhumana, miles y miles de muchachos y muchachas, nacidos para desarrollarse física y moralmente, hoy en día, a menudo, no son mas que una masa de tristes drogadictos con el corazón vacío.

Millones de parados alzan sus inútiles puños contra sus falsos e incapaces dioses.

La pequeña Europa de hoy, ese Mercado Común (¡común!) que huele a agrio de rebotica, no puede dar la felicidad a los hombres. La sociedad de consumo ya no es una civilización, es un vertedero.

Alzadas sobre ciento cincuenta Estados Anárquicos, y dominándoles desde lo alto de su dictadura económica, técnica y política, dos superpotencias se miden, exhibiendo sus cohetes, y dispuestas a hacer saltar todo para asegurarse, una u otra, su indiscutible hegemonía. En ese marco, los pueblos son solo unos frágiles juguetes manipulados por los dos piratas rivales. Quien puede asegurar hoy que sus hijos, o el mismo, no serán barridos un día, en un segundo, de la existencia y del magnifico confort en el que han situado su vida? Entonces, de que les habrá servido?

P.— Y usted, ¿no lamenta nada?

R.— Ante esta quiebra de la posguerra, ¿por que nosotros, los vencidos provisionales , vamos a tener que agachar la cabeza? Al menos , con energía y sufrimiento, queríamos algo grandioso. Ahora ya no tenemos mas que un deseo: que el ideal que ardía en nosotros renazca rápidamente en el mundo.

Luchare con todas mis fuerzas, hasta el ultimo segundo de mi existencia, para que, de un modo e ejemplar, permanezca viva en el corazón de los jóvenes nuestra epopeya, su fe luminosa y el afán de servir, jalonada por el sacrificio de tantos de nuestros camaradas que quedaron helados en las nieves del Este.

Publicado en: <<La sangre de los héroes muertos cruzara Europa como un río de vida>>

Último escrito de la mano de Degrelle:

Señale en mi mitin de París de marzo de 1944, en el Palacio de Chaillot después de Tcherkassy.

A los pesimistas, el idealismo puede parecerles hoy pasado de moda. Mas sin el, ningún resurgimiento de los pueblos es posible. La inmolación de los muchachos caídos para crear una Europa de carne y hueso, sus virtudes, sus lecciones proféticas, alqun día, estoy seguro de ello, traerán de nuevo la vida. Quizá sobre nuestras tumbas. Nosotros, los precursores, no conoceremos, sin duda, la Tierra Prometida, pero otros la alcanzaran. Europa se erguirá sobre sus piernas tambaleantes. La grandeza nunca se da en vano. Aparece raramente. Pero cuando surge su fuego, tarde o temprano se reanima.

En tanto que exista un idealista, la salvación será posible.

Los tontos, los mentirosos y los insultadores solo tendrán su momento. La mediocridad se derrumbara y se ahogara en su mezquindad. Entonces reaparecerá el héroe, a caballo sobre sus sueños. Legiones de jóvenes se alzaran para unirse, en la misma fe, a los nuevos constructores de un mundo justo, en el que las fuerzas sociales actuaran solidariamente y las fuerzas morales revivificaran a los pueblos.

Europa, unida al fin material, moral, militar y diplomáticamente, y fuerte por la conjunción de sus tres elementos constitutivos— la civilización occidental, el motor germánico y la reserva humana eslava—, renacerá mejor preparada y mas perspicaz. Esta vez ya no la detendrán como en 1945.

¡Y esto es todo!

Al servicio de mi fe, mi vida ha sido una espada. Permaneció inflexible tanto en la suerte como en el infortunio. Lo han visto ustedes a plena luz.


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